jueves, 10 de agosto de 2006

La Alegría y el Dolor


Vuestra alegría es vuestro dolor sin máscaras.
De la misma fuente que mana vuestra risa, muchas veces la llenasteis con vuestras lágrimas.
¿Y como puede ser de otro modo?
Cuanto más profundo cave en vuestro corazón el dolor, más alegría podréis contener.
¿No es, por ventura, la copa que contienen vuestro vino, la misma copa que fue fundida en el horno del alfarero?
¿Y no es la laúd que calma y serena vuestro espíritu, aquella misma madera tallada con cuchillo?
Cuando os halléis alegres, mirad en el fondo de vuestro corazón y descubriréis que es únicamente lo que os produjo dolor lo que causa vuestra alegría.
Por eso, cuando estéis tristes, observad en vuestro corazón y veréis que lloráis, en verdad, por lo que fue vuestro deleite.
Algunos de vosotros decís: “La alegría es mayor que el dolor” y otros “No, el dolor es más grande.”
Pero yo os digo que ambos son inseparables.
Vienen juntos, y cuando uno se sienta a vuestra mesa, no olvidéis que el otro está durmiendo en vuestro lecho.
En verdad, estáis suspensos, como fiel de balanza, entre vuestra alegría y vuestro dolor.
Sólo vacíos estáis quietos y equilibrados.
Cuando el Recaudador os alce para pesar el oro y la plata, será que vuestras alegría y vuestro dolor, suban o bajen.

El Profeta.
Khalil Gibran.

El Dolor


Es dolor es la ruptura de la celda que encierra la comprensión.
Como la semilla debe romperse para que su corazón se muestre al sol, así, debéis conocer el dolor.
Si os fuera posible mantener vuestro corazón maravillado frente a los milagros cotidianos de la vida, no os resultaría vuestro dolor menos prodigioso que vuestra alegría.
Y aceptaríais las estaciones de vuestro corazón como las estaciones que se sucedan en vuestros campos.
Y aguardaríais serenamente durante los inviernos de vuestra pena.
Mucho de vuestro dolor es escogido por vosotros mismos.
Es la poción amarga con que cura vuestro ser enfermo el médico que todos lleváis dentro de vosotros.
Confiad, pues, en el médico y bebed la poción confiadamente. Porque, aunque dura y pesada, su mano es guiada por la tierna mano del Invisible.
Aunque queme vuestra boca, el vaso en que bebéis fue moldeado por la arcilla del Alfarero y humedecido con sus propias lágrimas sagradas.

El Profeta.
Khalil Gibran.